EDMUNDO RODRÍGUEZ 1984 / Cuerpos transitivos
Esta acción fue realizada en conmemoración de Edmundo Rodíguez, primer notificado de vih y muerto de SIDA en Chile el 22 de agosto 1984
Esta acción fue realizada en conmemoración de Edmundo Rodíguez, primer notificado de vih y muerto de SIDA en Chile el 22 de agosto 1984
Primer proyecto autoral de diseño escénico y performace de Daniela Portillo: ALMA y MUERTOS. Proyecto de videoperformace y performance ritual que investiga en los ritos mortuorios tarapaqueños y sitúa a un cuerpo alegórico en territorios como la costa, la pampa, el valle y el altiplano transitando por diversos cementerios del norte. ALMA Y MUERTOS se crea para honrar a un gran maestro del Diseño Escénico: Germán Droghetti, que falleció aquejado por el COVID en el año 2020. ALMA Y MUERTOS ha sido recientemente presentada en la Cuadrienal de Praga de Diseño Escénico y Performance, en la categoría PERFORMANCE 2023.
el texto analiza una serie de obras que desarrollan una propuesta visual que activa el potencial crítico de algunos signos en que se sustentan las definiciones de género tradicionales, desajustando los prejuicios que giran en torno a lo femenino, para reconocer la emergencia de nuevas propuestas identitarias.
Esta investigación fue iniciada en relación al libro Simondon: Una filosofía de lo transindividual (2017) de Muriel Combes, en el marco del programa de residencias de creación coreográfica “Transducciones”, con el Apoyo del Instituto Francés de la Embajada de Francia en Argentina y producida por el Área de Danza del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, donde fue presentada por primera vez en septiembre de 2021. En Buenos Aires, ha sido presentada, también, en Espacio Roseti, Monopol, Complejo Cultural Art Media y LABA.
“El Loco” es una performance/intervención urbana de carácter duracional creada y realizada por Camila Garretón a largo de un trayecto comprendido entre el Parque Forestal y la Calle Ahumada en el centro de la ciudad de Santiago de Chile.
Conocida por su profunda melancolía existencial, pareciera ser que Alejandra encuentra en la condesa Báthory ecos de sí misma y de sus propios remedios fugitivos, que incluían el consumo desmedido de anfetaminas, alcohol, vivir de noche y el despliegue de su propia —y poco conocida— bi-sexualidad. Bajo la primera capa de sordidez y brutalidad, Pizarnik entrevé en la condesa una figura de identificación, a propósito de la relación triangular entre melancolía, muerte y placer sexual.