EL PALACIO DE LA RISA / Luna Grandón
Palacio de la risa fue el nombre con el cual fue conocido el recinto del Servicio de Inteligencia
Militar (SIM) ubicado en Avenida Ramón Picarte #1451, en la ciudad de Valdivia
Luna Grandón Valenzuela. Nacida en Santiago de Chile un jueves de 1991. De profesión terapeuta ocupacional, se ha dedicado a la docencia universitaria y a la investigación. Posee un magíster en estudios de género y cultura por la Universidad de Chile, y actualmente cursa el doctorado en Estudios Latinoamericanos en la misma universidad, con una tesis sobre las pedagogías del género que operaron en revistas culturales dirigidas a mujeres durante el siglo XIX en Chile y Argentina. Además, investiga problemáticas asociadas a la feminización del cuidado, la precarización neoliberal de la vida, y la escritura de mujeres poetas del siglo XX. Sus pulsiones creadoras se han expresado en la escritura, la danza y la fotografía, siempre interesada en el cruce entre cuerpo, historia y política. Colabora en Registro Contracultural en registro audiovisual e investigación.
Performance realizada junto a Jazmín Ra el 6 de abril del 2023 en “Jueves Santo”
Este taller tiene por objetivo que las, los y les participantes conozcan los principales debates en el campo de las teorías feministas y estudios de género, desde una impronta que cruza lo histórico con lo teórico. En tanto el taller es de carácter introductorio, se presentarán de modo general los principales debates en el campo de la teoría feminista, así como autorías claves para pensar el género como una relación socio-sexual del poder.
Hace 50 años el dictador Augusto Pinochet Ugarte, en conjunto con la corrupta élite política ejecutaron el G O L P E de Estado a través de las fuerzas armadas y de orden en Chile.
Persecuciones – torturas – exilios – desapariciones — asesinatos. Durante el régimen se escribió la constitución vigente hasta el día de hoy, que sentó las bases del neoliberalismo, modelo que ha oprimido por décadas al pueblx.
Conocida por su profunda melancolía existencial, pareciera ser que Alejandra encuentra en la condesa Báthory ecos de sí misma y de sus propios remedios fugitivos, que incluían el consumo desmedido de anfetaminas, alcohol, vivir de noche y el despliegue de su propia —y poco conocida— bi-sexualidad. Bajo la primera capa de sordidez y brutalidad, Pizarnik entrevé en la condesa una figura de identificación, a propósito de la relación triangular entre melancolía, muerte y placer sexual.
No es un órgano sexual el que nos causa vivir precarizadas, es el modo en que ese órgano está siendo organizado y aprovechado para la acumulación del capitalismo-neoliberal. Lo
que se está haciendo es construir una verdad y un destino, al inventar como alteridad o diferencia a algún trozo de carne que llamamos sexo.
Sutura es un laboratorio íntimo que dispone la experiencia del sufrimiento corporal ante los cánones hegemónicos de belleza y delgadez, hacia la virtualidad pública.
Diversas mujeres relatan algo de sus vidas que quisieran que fuera oído por otrxs en un espacio público.