NUESTRA EXPERIENCIA EN FESTIVAL TEMPORAL: La Nuda fatiga / Por Jazmín Ra

Hacer performance para encontrarnos, para celebrar que existimos y para resistir nuestros contextos.

Artistas de Temporal en performance "Reflejos de modernidad" de Andrés Valenzuela. Fotografía de Geo Souza

Temporal es un Festival de Performance Art que surgió en Asunción, fruto del impulso colaborativo entre les artistas Sandra Dinnendahl López (Paraguay) y Van Jesus (Brasil). La temática de esta edición fue “La Nuda Fatiga” y contó con el acompañamiento de la queeradora Mariana Rodríguez Iglesias (Buenos Aires, Argentina), además del apoyo de Argentina Performance Art (APA) y del Goethe-Institut en Paraguay, donde iniciamos el festival ocupando sus salones para compartir con la comunidad nuestros portafolios de artista.

En Temporal, tanto para quienes habían participado en ediciones anteriores como para les artistas extranjeres, la experiencia fue clara: en Paraguay, como en gran parte de Latinoamérica, la performance no es solo un gesto estético, sino una práctica de resistencia que permite pensar los contextos y resignificar los gestos compartidos. Estos encuentros operan como una micropolítica que nos ofrece un espacio temporal, donde creamos, reflexionamos y compartimos desde la precariedad que nos atraviesa como artistas. Nos permiten conocer contextos culturales afines, leer los momentos sociopolíticos del lugar que habitamos y experimentar, aunque sea temporalmente, lo que debería ser la base de nuestra práctica: vivir y hacer arte en comunidad.

Sandra, también conocida por su nombre artístico Esedele —organizadora del festival Temporal de este año— comenta que, para abrir una convocatoria a un festival en el espacio público, es necesario inspirarse tanto en la artista Coco Fusco (2004), quien propone pensar el performance en el espacio público latinoamericano como un hacer que confronta al Estado, como en la teórica Chantal Mouffe (1999), quien plantea que en lo público se visibiliza el disenso.

El espacio público ha sido tradicionalmente entendido como el ámbito donde se expresa el consenso legitimado por la ley. Sin embargo, la noción de Mouffe (1999) que cita Esedele invierte esta idea: lo concibe como un lugar donde emergen las diferencias, se exhiben las estrías y licencias, es decir, los márgenes, las grietas y las posibilidades de decir o hacer de otro modo.

Sandra Dinnendahl López en la jornada de cierre de Temporal. Fotografía por Geo Souza

Conocer a les artistas paraguayes y reconocer cuánto compartimos fue revelador: sus experiencias, aunque distintas, resuenan con las nuestras, porque los contextos latinoamericanos de represión configuran escenarios semejantes. Tal como sugiere Diana Taylor (2003), al revisar a Schechner (2003), en la performance, ocurre una especie de conducta restaurada o “twice-behaved behavior”, en donde reaparecen gestos de un repertorio cultural en común, un conocimiento que opera como huella mnémica encarnada en el cuerpo, la que se repite y se transforma — pensaría que incluso para quienes la presencian. —

Si bien Taylor (2003) desde un interés antropológico, entiende la performance como un sistema mnemónico de transmisión cultural, aquí la noción psicoanalítica de huella mnémica (Freud, 1953) nos permite pensar también en la inscripción psíquica y cultural que compartimos: huellas traumáticas que, sin estar fijadas en el recuerdo consciente, retornan en nuestros cuerpos como gesto, afecto o resonancia, configurando modos de transmisión transgeneracional de las experiencias históricas que han configurado a nuestros pueblos.

Aun así, los lazos sociales se sostienen como un antídoto frente a la fractura. Ver la energía y la voluntad de quienes madrugan para asistir a una experiencia sonora y esperar el amanecer en medio de la neblina, recorrer la ciudad durante todo el día y compartir las comidas y transportes, participar de las acciones de tus compañeres con renovado encanto, habla de formas inesperadas de resistencia, de un ánimo que se rehúsa a ceder ante la precarización de nuestras trayectorias.

De hecho, las acciones comienzan, compartiendo alimentos en medio de un amanecer neblinoso en la obra “Desayuno incluido”, del artiste paraguaye Andre Rolon Kanonnikoff. Allí empezamos a conocer de inmediato las problemáticas del territorio. La neblina proveniente de las tierras empantanadas propias del humedal aledaño a la ciudad de Asunción, nos llegaban teñidas por un olor a humo, que —según nos contaron les asuncenes— proviene de la quema de basura de los vertederos locales y con la que deben convivir cotidianamente.

Performance "Desayuno Incluído" de Hazel rbbts. Fotografía de Andrés Valenzuela
La acción de Andre consistió en un live de experimentación noise y música ambiental, acompañado de cafecito, frutas y chipas —unas masitas a base de queso y mandioca— para compartir el desayuno. Se realizó en el anfiteatro de la Costanera Sur de Asunción, desde el amanecer, a las 5:00 a.m., hasta las 7:00 a.m. Al finalizar la experiencia, nos distribuimos en los autos de algunes artistas locales que se ofrecieron a trasladarnos hasta el siguiente punto de encuentro. El avance fue lento y cuidadoso, pues había que esperar a que la neblina se disipara por completo, revelando una vista impresionante del sol iluminando los humedales y la vegetación. Posterior a ello, conocimos el mercado Abasto, en donde la acción de Jonatan Fernandez “San Juan Paha”, nos condujo al frontis de una comisaría cercana, donde representó algo del sentimiento general frente a la historia de la política oficialista paraguaya, utilizando además simbolismos del sincretismo religioso propio del país.
Performance "San Juan Paha", por Jonatan Fernández. Fotografía de Andrés Valenzuela

El festival fue comprendido por les artistas como un territorio donde la vulnerabilidad se transforma en potencia. El cansancio, asumido como una marca generacional y social, fue resignificado colectivamente: “fue una tremenda experiencia de hackeo motivacional”, comentó Pome, artista asuncena que instaló “Servicio de pausa pública”el cual consistió un living en medio del mercado 4 —muy parecido al de Franklin, en Chile— para invitar a les transeúntes a detenerse y descansar. Así, el arte demostró su capacidad para convertir la fatiga en impulso creativo.

Performance "Servicio de pausa pública" de Pome, en Mercado 4 de Asunción. Fotografía de Geo Souza

El tereré es algo sumamente especial para les paraguayes: un mate frío que funciona casi como una medicina para calmar el calor. La primera vez que lo probé fue durante la instalación de Pome, y me sorprendió su sabor amargo y que se tomara con hielo. Pero luego sentí el alivio del calor, y todo hizo sentido. En agosto, Asunción presenta un clima cálido, con máximas de 27 °C a 30 °C y mínimas cercanas a 15 °C, generando un fuerte contraste entre el día y la noche. En verano, las temperaturas pueden superar los 40 °C, haciendo del tereré no solo una costumbre, sino una verdadera necesidad para mantener la cuerpa fresca e hidratada.

Durante la segunda jornada, seguimos recorriendo la ciudad. Asunción es una ciudad de fuertes contrastes. Sus espacios públicos y el casco histórico son muy bellos, pero también muestran las huellas de lo que ha ocurrido: muchos edificios abandonados, casas desocupadas —algunas incluso inundadas—, muros manchados por la humedad y calles rotas por las raíces de una naturaleza poderosa, incluso en la zona de los edificios más modernos.

Performance "Aunque no lo quieras ver" de Brune Comas. Fotografía de Andrés Valenzuela
En la acción de Brune se hizo evidente esta crítica. Le artista, vestido de oficinista y escuchando en un parlante canciones de desamor y cumbias villeras, ofreció cervezas para mitigar el calor. Pegó en el suelo carteles que luego manchaba de sangre, con mensajes políticos contundentes, entre otras cosas, sobre el sistema de salud, la persecución a la diversidad sexual y el turismo en Paraguay, en el contexto de la reciente elección de Asunción como sede de los XXI Juegos Panamericanos 2031, planteando preguntas como: “¿No les da vergüenza que otros vean el abandono en que la ciudad se encuentra constantemente?”.
Detalle de texto performance "Aunque no lo quieras ver" de Brune Comas. Fotografía de Andrés Valenzuela

Dentro de la misma jornada urbana, Eduardo Cardoso presentó una performance íntima que invitaba a la pausa. Con gran control, desplegó objetos lentamente, leyó palabras en varios idiomas y transformó su cuerpo con elementos lúdicos: colocó alitas y antenas de mariposa, amarró sus pies sobre material de concreto y estiró un hilo blanco que luego ató a su cuello, combinando materiales encontrados mediante acciones improvisadas que desplazaban sus contextos originales.

Performance "Fantasía" de Eduardo Cardoso Amato. Fotografía de Andrés Valenzuela
Finalmente, la acción de Andrés Valenzuela dialogó con los edificios modernos y espejados. Utilizando mantas térmicas, nos convocó a desfilar por la calle donde estos se alzan: a ratos de manera fúnebre, en otros de forma lúdica y juguetona; para luego dejarnos caer a los pies de esas mismas estructuras, como seres durmientes o quizá fallecidos, bajo las enormes moles del progreso. No se puede obviar ese deseo latinoamericano de parecerse a Estados Unidos, visible incluso en los nombres de algunas calles y en la arquitectura.
Performance "Reflejos de modernidad" de Andrés Valenzuela. Fotografía por Alegría González

La curaduría, nuda fatiga, cobró un sentido profundo. Al leer el texto curatorial, “Preferiría no hacerlo” Mariana nos compartió su rutina para pensar en la fatiga que nos impone el sistema de producción actual. Lo que me hizo pensar en mi propia rutina. En Chile, vivo atada a un horario de Google Calendar, en parte autoimpuesto, pero también como única manera de inventarme un trabajo y sostenerlo. Cumplir con horarios y casillas siempre llenas, al menos un tercio correspondiente a trabajo doméstico y de cuidado de otres, no remunerado. En ese camino aprendí, con el tiempo, que incluso media hora es importante, porque también puede ser media hora de descanso. Por eso, postular a un festival, quedar y darse permiso para ir, implica preguntarse: ¿por qué no puedo ir?

En este sistema capitalista, se vuelve un desafío. siempre hay cosas que posponemos o incluso arriesgamos. Sin embargo, las ganancias, aunque no cuantificables, resultan vitales, ya que nada está asegurado y los días comunes a veces parecen una alegoría de la piedra de Sísifo: subir una cumbre enorme con una piedra que a la mañana siguiente vuelve a caer. Esta idea fue el eje de mi acción “La fatiga del pueblo”, que dio inicio a la tercera jornada. Subí y bajé ocho veces la escalinata de Antequera, donde se alza un monumento al pueblo, cargando pistolas de agua para refrescarnos tras el extenuante ejercicio. Con ello, busqué proponer una alegoría de la fatiga compartida e infinita y del desgaste latinoamericano frente a las necropolíticas que persisten.

Performance "La fatiga del pueblo" por Jazmín Ra. Fotografía de Geo Souza
Ocupar el espacio público en un país donde las dictaduras del pasado reciente aún se sienten en la piel, y donde la policía controla el orden con metralletas en mano, implica riesgo y urgencia. Las performances en la vía pública abrieron grietas que permitieron observar Asunción en su cotidianeidad. Durante la tercera jornada, también vimos la acción de Sol Nara, artista asuncena, quien presentó en la plaza Paraguaya la acción “Sobrextensión”, En la performance, la artista se presentó encapuchada, se pintó el cuerpo con carbón, y se mojó con agua recogida en una pileta, concebida como un ritual íntimo para compartir su sentir.
Performance "Sobrextensión" de Solnara. Fotografía de Geo Souza

Por otra parte, la acción “Lúgubre amarillo”, de Eufemia García, cuestionó el aumento de estaciones de servicio en reemplazo de plazas y espacios públicos de esparcimiento. Para ello, nos invitó a detenernos en la Plaza Libertad, donde propuso recolectar flores, ramas y hojas para bordar colectivamente su vestido, transformando su cuerpo en la imagen de un árbol seco. Luego, Eufe se desplazó hasta una gasolinera y se detuvo allí, en medio del tráfico, comentando que buscaba dar voz a la naturaleza.

Performance "Lúgubre amarillo" de Eufemia García. Fotografía por Andrés Valenzuela
La acción de Enrique Luna, “La categoría, visibilidad”, inspirada en la cultura ballroom, tomó la calle micrófono en mano, bailando y pegando retratos de compañeras caídas a causa de la violencia ejercida contra las disidencias sexuales. Enrique también realizó un taller de ballroom para todo el grupo en Crudo, un espacio colectivo, multidisciplinario y autogestionado, muy valioso para la escena local, que en varias ocasiones durante el festival nos acogió para realizar actividades extraprogramáticas.
Taller de Enrique Luna en Crudo. Fotografía por Sandra Dinnendahl López

En casi todas las acciones, la autoridad policial se acercó a consultar qué ocurría y a supervisar si contábamos con los permisos correspondientes. Por ello, la gestión de Esedele se convierte en una suerte de performance duracional: acompañar y posibilitar que las acciones sucedan, desde tramitar permisos y enfrentar el laberinto burocrático municipal hasta dialogar con las autoridades. Su cuerpa, percibida como feminizada, blanca y de clase alta, actúa en la práctica como un factor que la hace parecer menos amenazante, facilitando el diálogo antes que la represión policial. De este modo, los papeles y sellos funcionan como un escudo temporal, y su manera de hablar y negociar dilata la intervención de la autoridad, permitiendo que las performances se realicen —en la mayoría de los casos— pese a la vigilancia.

Sandra conversando con la autoridad antes de comenzar "Imaginación" de Victoria Russaa. Fotografía por Andrés Valenzuela

Cada acción, por efímera que fuera, abrió nuevos modos de encuentro e imaginación. Esto se hizo especialmente evidente durante la cuarta jornada, con la intervención “IMAGINACIÓN” de la artista argentina Victoria Russa, titulada Imaginación, que comenzó frente al Palacio de los López, donde de inmediato se hicieron presentes las fuerzas del orden para intentar disuadir la acción.

Allí, la artista —con la ayuda del grupo— desplegó un lienzo que hicimos recorrer por la ciudad, con las palabras: “Imaginación pública, antifascista, transfeminista, independiente, digna.” Russa describe su trabajo como una performance site-responsive de escritura colectiva, donde cuerpos y palabras se despliegan en el espacio para interrogar la nación, la ciudadanía y los presentes posibles.

Performance "Imaginación" de Victoria Russaa frente al Palacio de los López. Fotografía por Andrés Valenzuela

Su gesto, que intervino el espacio urbano, coincidió además con las fiestas patrias del 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen, celebración religiosa que da nombre a la ciudad. Esto generó una imagen de fuerte contraste entre los desfiles escolares militarizados, los puestos de comida típica asuncenos y la atmósfera de tradición que impregnaba el aire.

Al participar en la acción “Diario íntimo no tan íntimo” de la artista paraguaya Tefa Ortíz, fuimos invitades a escribir y compartir textos sobre cómo nos sentíamos, para acompañarla en su intervención frente al Palacio de Justicia y manifestar, entre otras cosas, el descontento que muches artistas locales habían expresado recientemente frente a un juicio injusto contra un espacio de arte independiente.

Performance "Diario íntimo, no tan íntimo" de Tefa Ortíz. Fotografía de Andrés Valenzuela

Toda la acción se tiñó de tonos rosados: Tefa vestía una máscara circense con rasgos de animala, cargaba bajo el brazo un gran diario de felpa rosa y, mientras leíamos en voz alta, nos acariciaba con ternura. Luego de brindar con fermentados de banana también rosados —elaborados por la propia artista—, encendió con un bastón de malabares una llamarada frente al Palacio, mientras una figura de autoridad se acercaba intentando disolver la acción.

Los textos que compartimos abordaban temas tanto personales como colectivos. En mi caso, escribí una frase que expresaba lo que sentía durante el viaje y la leí en voz alta: “Descubrir América y saber que tenemos tanto, tanto en común. Aunque no haya vuelo directo ni tren que nos conecte como antes, qué injusto.”

Y es que con Andrés Valenzuela, artista chileno, amigo y director de Registro Contracultural, nos reunimos a medio camino de la itinerancia que realicé desde Santiago de Chile, ya que un vuelo directo era más caro que viajar a Argentina. y desde Buenos Aires, ciudad donde actualmente reside Andres, viajamos muchas horas en bus para llegar juntos a Asunción.

Él, con el mismo sentimiento de base, logró expresarlo de otra manera: “Fue lindo ver cómo nos parecemos tanto. A veces los chilenos tenemos un complejo de sentirnos aislados y distintos. Y si bien estamos lejos en distancia, la cultura se siente muy cercana. Incluso mirando la calle, a ratos me parecía estar en algunas provincias de mi país, o en ciertas comunas de mi capital. Tenemos una historia común de horror, que implantó un sistema social, cultural y económico que nos dejó en este estado de constante cansancio, casi catatónico.”

Jornada de cierre de Temporal festival de Arte en Casa Concepción, Paraguay. Fotografía por Sandra Dinnendahl López

Gestionar el arte de existir agota más que cualquier jornada laboral (Fisher, 2017). Fue una de las frases claves del texto de la convocatoria. Durante el festival se realizaron tres picnics y diversas acciones que invitaban al descanso y a habitar colectivamente los espacios públicos. La propuesta de pensar la fatiga también implicaba hacer una pausa, detenerse y respirar juntas. En la mayoría de los picnics no faltaron el tereré ni la chipa para compartir; sin embargo, cada una de las acciones que los encarnaron fue distinta entre sí.

Durante la cuarta jornada tuvimos la acción “Con los párpados secados”, le artista francés Pierre-Yves Delannoy, becado por el Goethe-Institut, organizó un picnic a orillas del río. Con un vestido bordado con recuerdos y bolsillos llenos de cucharas de té, presentó un juego de palabras conceptual a través de objetos como una tetera de porcelana envuelta en grasa de cerdo. Compartimos té rojo helado, chipas y una playlist que comenzó con L’Estaca de Lluís Llach, símbolo de resistencia durante la dictadura franquista.

Performance "Con los párpados secados" por Pierre-Yves Delannoy. Fotografía por Andrés Valenzuela

Luego iniciamos la quinta en un sitio abandonado, en donde un lienzo con la frase “Baldío se mío” ondeaba al viento. La instalación performática de Raisa Aid consistió, literalmente, en habitar un terreno vacío entre casas, cubierto de vegetación e insectos. Diversas corporalidades se reunieron allí: las invitadas del festival, convocadas a compartir un desayuno; personas que tomaban sol leyendo y escuchando música en sillas de playa; y otras que simplemente hacían ejercicio, integrando el paisaje cotidiano al gesto artístico.

Performance "Baldío, se mío" de Risa Aid. Fotografía de Andrés Valenzuela

El último picnic, de la artista Jazmín Cebe junto a un grupo de colegas, utilizó máscaras de animalitos y juguetes con alimentos ficticios para ocupar brevemente el espacio de una gasolinera abandonada.

Performance "Picnic en el apocalipsis" por Jazmín Cebe. Fotografía de Geo Souza

Durante el festival, Sandra reflexiona sobre la lucha contra estructuras de poder —patriarcado, capitalismo y colonialidad— que mantienen un statu quo, exigiendo esfuerzo y sacrificio a unos mientras otros se benefician, y cómo estas dinámicas atraviesan la vida cotidiana de Paraguay. Para ella, el espacio público y el derecho a la ciudad son terrenos de disputa permanente, y ocuparlos se convierte en un acto de resistencia, que reivindica la acción colectiva.

En esa misma línea, Tefa Ortíz recordó: “Paraguay es un país que demasiado necesita contaminarse y contagiarse con otras prácticas, con otras miradas”. Sus palabras ubican a Temporal en un lugar clave: no solo exhibir, sino abrir poros, generar intercambios, quebrar el aislamiento cultural y político que aún pesa sobre la escena local.

La experiencia, sin embargo, no estuvo exenta de crudeza. James Muriel artista paraguayo multidisciplinar que fue público y participe de casi todas las acciones del festival, confesó que, en un contexto “de terror”, participar en Temporal significó “días en los que elijo vivir”. Su testimonio desnuda la dimensión vital del festival: cuando la hostilidad social asfixia, el arte no se vuelve refugio, sino una elección radical de persistir.

James Muriel y Eduardo Cardoso Amato durante la performance "Baldío, se mío" de Raisa Aid. Fotografía por Andrés Valenzuela

Temporal deja una enseñanza urgente: en medio de la precariedad, el arte puede ser un acto de insistencia, una forma de habitar la calle y reclamarla como territorio común. No se trata únicamente de performance: se trata de producir vida en un contexto que insiste en negarla. Como sintetizó Brune, “no hay nada más político que bancar el arte de los amigos”. Esa frase condensa el corazón del festival: Temporal no es solo una plataforma de exhibición, sino un gesto de cuidado mutuo, de sostener fragilidades y transformarlas en comunidad.

Casi de manera anecdótica, mientras grabábamos las entrevistas finales como testimonios de nuestra experiencia durante el festival, sonaron unas sirenas provenientes del exterior. En ese momento creí que se trataba de una ambulancia – luego me enteré que en realidad había sido una persecución policial y balacera—

Pero, comenté “Esto es clave, porque hay una emergencia, ¿o no? Como que emergen ideas, y al mismo tiempo hay una emergencia de hacer cosas…” Pensaba que, a veces en Chile, somos muy nihilistas, pecamos de creer que todo está dicho y resuelto o más bien que todo está perdido. Y no es así. Hay que ver también que a pesar de las similitudes, las diferencias de nuestros territorios y de cómo las personas van a proceder a organizarse, nos permiten no perder el entusiasmo, la información que a veces damos por sentada, no siempre ha llegado a todas partes, ni se ha experimentado de la misma forma. Entonces es ahí donde están emergiendo las posibilidades, dónde aún borbotea la esperanza.

Por Jazmín Ra

Gestión de archivo, recopilación de información y transcripción entrevistas, Andrés Valenzuela.

Referencias:

- Fisher, M. (2017). Realismo capitalista: ¿No hay alternativa? Caja Negra.
- Fusco, C. (2004). Pensamientos introductorios sobre el performance latinoamericano y la reconquista del espacio público. En P. Barragán (Ed.), No lo llames performance (pp. 35-43). Domus Artium.
- Freud, S. (1953). Más allá del principio del placer. En J. Strachey (Ed. y Trad.), The Standard Edition of the Complete Psychological Works of Sigmund Freud (Vol. 18, pp. 1–64). Hogarth Press.
- Mouffe, C. (1999). El retorno de lo político. Paidós.
- Schechner, R. (2003). Performance Studies: An Introduction (2nd ed.). Routledge.
- Taylor, D. (2003). The Archive and the Repertoire: Performing Cultural Memory in the Americas. Duke University Press.
Cómo citar esta crónica:

Ra, J. (2025). Nuestra experiencia en Festival Temporal: La nuda fatiga. Registro Contracultural.

Jazmín Ra

Jazmín Ra es Performista, Licenciada en Artes de la Universidad de Chile. También es Psicóloga, post titulada en clínica psicoanalítica, y especializada en género de la misma universidad. Entre sus intereses se encuentra la investigación teórica en torno a la performance política desde una perspectiva crítica y feminista. En su práctica de performance, ha explorado temas autobiográficos y políticos, con el interés de cuestionar desde un conocimiento situado, el discurso hegemónico sobre la cuerpa, la sexualidad, la familia y la institucionalidad patriarcal. Utilizando la performance, el terrorismo poético y el posporno, para hackear significantes fálicos, símbolos nacionalistas, espacios públicos de representación y monumentos incómodos que representan las estructuras psíquicas del poder, con el fin de cuestionar el imaginario histórico fundacional de base patriarcal y capitalista. Actualmente es madre y dueña de casa, lo cual forma parte de los temas abordados desde su artivismo, donde el maternaje, el trabajo doméstico y la violencia biopolítica de las instituciones que administran la cuerpa — temáticas históricamente relegadas a la esfera de lo privado y lo personal — se vuelven el telón donde se despliega la lucha en contra de la explotación capitalista sobre las cuerpas.

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