VIRGEN DEL CARMEN BELLA / Yeguada latinoamericana

Performance por Cheril Linett

Nombre: Virgen del Carmen Bella

Disciplina: Performance

Performers: Morin Henriquez, Camila Campos, Pu Aliwen, Carolina León, Darkling, Esperanza Vega, Fernanda Vargas, Fernanda Castex, Gabriela Maldonado, Maria Jose Reyes, Iv-n Figueroa, Fernanda Valenzuela, Macarena Alvarez, Romina Villar, Mariella Silva, Cecilia Rubio, Sofia Piraces, Florencia Quiroz, Javiera Silva, Antonia Gonzalez, Antonia Rodriguez, Nicol Morales, Paulina Valdenegro, Gabriela Cuadra, Valentina, Giuliana Medina, Maria Ponce, Madre Joven, Maria Riquelme, Xochitl, Cheril Linett.   

Registro: Andrés Valenzuela, Dinko Covacevich, Héctor Garrido.

Animación título: Fernanda Valenzuela

Montaje: Andrés Valenzuela

Figura Virgen del Carmen: Ulises Soto, trabajo en yeso y metal. Sonia Duran, maquillaje a la virgen.

Fecha: 29 de Septiembre del 2019 

Locación:  Santiago de Chile

Video: 1920×1080 pixeles, MP4.  

Descripción:

“Virgen del Carmen bella”, acción de la Yeguada Latinoamericana en la procesión de la Virgen de Carmen, el 29 de septiembre del 2019 en Santiago de Chile. Uniformadas de celeste y velos blancos, símbolos típicos de las fieles más ancianas y parroquianos congregados a este rito cívico-religioso que se celebra todos los años durante el último domingo del mes de septiembre para venerar a la Reina y Madre de Chile, Patrona y Generala Jurada de las Fuerzas Armadas y de Orden, figura que sirvió para implantar normas de sumisión, castración y represión sobre el cuerpo de la mujer en Chile, según afirma la socióloga Fernanda Carvajal:

“Reina de Chile’ es un apodo de la Virgen del Carmen, virgen de origen colonial que durante la República es declarada patrona del ejército y en los años de dictadura reivindicada como ícono por la cultura militar oficial. Su figura no solo contribuye a la imposición de la matriz colonial de género en el continente, sino que también funciona en el imaginario español como emblema en los procesos de genocidio indígena” (Carvajal, 2014:37)

Siguiendo a Carvajal, la imagen de la Virgen actúa como un dispositivo de reestructuración del binarismo de género impuesto por la colonización, como figuración central del marianismo y la reconstrucción de la nación en los cimientos de la familia binaria heterosexual en la dictadura chilena. De acuerdo a esto, Cheril Linett trastocó la procesión irrumpiendo con una Virgen travesti, kitsch y camp, de uñas estridentes, de ojos profundos y con pestañas postizas, una Virgen chola, morena y latinoamericana, instalada para cuestionar los dogmas conservadores que perpetua la procesión. Dicha Virgen travesti  levantó interferencias, sospechas, bajo la táctica del “caballo de Troya”, historia épica griega que presenta la noción del infiltrado, del elemento anómalo encubierto en la estrategia de simulaciones simultáneas de la réplica, acción que afectó la concurrencia a través de la contradicción en la veneración sobre la representación y la réplica, cuestionando los valores del rol de veneración, contraponiendo esta posición con la reproducción de la réplica, como una réplica de la réplica, como un negativo de sus valores figurativos en la reproducción industrial de las figuras de yeso que productivizan la representación de lo sagrado, en este sentido, la virgen travesti profana la visión monolítica de la virgen, resinificándola en una imagen indígena, popular y travesti, a la vez que desarticula los signos disciplinares históricos que se le accionan a lo femenino bajo la mirada eclesiástica, según indica la filósofa Alejandra Castillo:

“(…)  la Virgen María, figuración potente de disciplina y control del cuerpo de las mujeres. A pesar del discurso normalizador y la fuerza en la imposición de un deber ser de las mujeres, la figura de la Virgen pareciera no ser más que eso: luz, resplandor y adorno. Así ha sido, en su aspecto más espectral, abordada por diversas intervenciones artísticas contemporáneas en América latina.” (Castillo: 2015)

Como hemos visto en palabras de Castillo, la imagen de la virgen no solo constituye un soporte que transmite la imposición biopolítica del disciplinamiento en su representación de femineidad, sino también, es el cimiento y estructura que contiene y oprime las libertades corporales de las mujeres, en tanto reproductividad, deseo y autodeterminación al igual que las figuraciones de Jesús, las cuales representan una estructura política, estética de la heterosexualidad colonizante y hegemónica. En este sentido, La Yeguada Latinoamérica irrumpe en la congregación ritual como una cita Lemebeliana, apareciendo vinculada por primera vez en la literatura chilena, la figuración de la virgen a lo queer , entrecruce que aparece de forma inaugural en el tercer libro de Pedro Lemebel “De Perlas y Cicatrices” (1998), en la crónica;  “Del Carmen Bella Flor” (o “El radiante fulgor de la santidad”). Relato que se encarga de instalar una visión crítica de la figura de la virgen del Carmen como repositorio e investidura de la represión de los colonizadores impuesta sobre el cuerpo de las mujeres indígenas y en el territorio, dejando de manifiesto además, que la Virgen del Carmen ha constituído una tradición, después que Bernardo O’Higgins la denominara la “Patrona y Generala de las Armas Chilenas”. Coyuntura que posicionó la figura de la Virgen del Carmen, como Madre/Protectora de la patria, situada en el orden simbólico de la reproducción del discurso mitilarizados, situandola como: “La reina del ejército, que le salvó la vida al general Pinochet en el atentado extremista del 7 de septiembre del año 1986. O cuando la Inmaculada se apareció a los soldados patriotas en plena batalla, por allá en la Independencia” (Lemebel, 2010:104).

Por otro lado, la acción de la Yeguada tensiona la visión eurocéntrica de la Virgen del Carmen, imagen que según el discurso de Pedro Lemebel determina vírgenes de niveles superiores e inferiores dependiendo de factores racistas y clasistas, todo esto derivado de un sincretismo religioso entre creencias eurocéntricas extrajeras e indígenas locales, como lo expone en su crónica Lemebel.

En ese sentido, Linett y la Yeguada Latinoamericana asaltaron la procesión como simples fieles, estoicas todo el recorrido, cantando y mimetizandose con la multitud, pero a su vez, siendo increpadas en su camino por señoras y asistentes al detectar la configuración anómala de la Virgen y la vestidura traslúcida de las Yeguas. Esta acción de desacato terminó con el regreso de la procesión a la plaza de armas, donde se les prohibió ingresar al sócalo de la plaza, siendo cercadas, reprimidas por fuerzas especiales, motos y caballos de carabineros fueron embestidos sobre las Yeguas, quienes respondieron tomando su posición de batalla, levantando sus faldas, exponiendo sus propias colas y la de la Virgen del Carmen sudaca que llevaban a cuestas. Algunas yeguas fueron detenidas, otras increpadas por los parroquianos, pero a la Virgen travesti nadie la tocó.

(Texto por Dimarco Carrasco)

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