Cuerpos en archivo, grafías de la imagen / Valentina Inostroza Bravo, Diegx Argote, Andrés Valenzuela Arellano y Alejandra Wolff / Texto de Luna Grandón

VI Coloquio Internacional Lenguajes de las Memorias y los Derechos Humanos: transmisión intergeneracional y debates en torno a lo común. Córdoba, Argentina.

Cuerpos en archivo, grafías de la imagen

Valentina Inostroza Bravo, Diegx Argote, Andrés Valenzuela Arellano y Alejandra Wolff / Texto de Luna Grandón

“Cuerpos en archivo, grafías de la imagen” reúne una puesta en escena performativa continua entre lxs artistas chilenxs Valentina Inostroza, Diegx Argote, Andrés Valenzuela y Alejandra Wolff, en el marco de la creación de nuevos lenguajes de las memorias y los derechos humanos. ¿En qué lugar del cuerpo habita la resistencia? ⎯se pregunta Valentina Inostroza al iniciar el hilo de performances. Aunque desde lugares diferentes, las cuatro propuestas están transidas por la resistencia: esa persistencia/advertencia/insistencia, ese gesto largo de insistir en decir y volver a decir, de mostrar, recordar, limpiar, restregar, sacudir, escudriñar, y archivar.

El recorrido performativo de estas obras transita desde la memoria íntima del cuerpo y sus afectos, hasta la memoria institucional del aparato estatal. A partir del cuerpo como lugar de enunciación de la memoria, reconocemos que ésta trata de una práctica social colectiva de interpretación del pasado, que actúa en el presente y proyecta futuros (Troncoso y Piper, 2015). Así, la memoria es una práctica social, actual y relacional, que, accionada desde el presente, tensiona las omisiones, silenciamientos y negaciones del pasado, reconstruyéndoles como materia de la actualidad.

Valentina Inostroza Bravo

En este sentido, la acción de resistir e insistir en (ha)ser memoria con el cuerpo y desde el cuerpo, instala una y otra vez en el presente, a aquello que se ha pretendido olvidar, no sólo por discursos negacionistas, sino también por discursos progresistas que aducen la necesidad de pasar la página y dejar el pasado atrás. Pero, el pasado nunca ha estado atrás: el pasado está junto a nosotres, delante y alrededor, puesto que es lo que tenemos a vista, y es aquello con que urdimos nuestra propia existencia del tiempo presente. No obstante, el decir sobre el pasado y construir narrativas para éste, está permanentemente atravesado por la monopolización de quienes tienen autoridad epistémica, control de los medios y privilegios de la difusión de su propia voz; o, como aborda Alejandra Wolff, de quienes poseen las armas y el poder fáctico para tomar espacios culturales, saquearlos e higienizarlos.

Ello nos hace reconocer que la memoria constituye un campo de disputa de sentido, donde la enunciación desde el cuerpo y con el cuerpo resulta un ejercicio político con la capacidad de irrupción y democratización para quienes han estado recortadxs del poder de decir y narrar. Esto no quiere decir que no hayan existido, en forma insistente y terca, contra-memorias o memorias subalternas, transmitidas en registros diversos, como lo son canciones, manifiestos, danzas, recetas, curaciones, cartas, afectos, trenzados, bordados, acciones artísticas, sátiras y tanto más. Actos de resistencia que habitan nuestros cuerpos, como bien retrata Valentina Inostroza al transferir esas huellas somáticas, desde los relatos de otres hacia su cuerpo, y desde su cuerpo hacia el papel.

Diega Argote

En tanto a feministas y disidencias sexuales parecieran sistemáticamente circunscribirnos a recordar sólo lo que en tanto tal nos compete, es decir, nuestra propia singularidad identitaria, Diegx Argote se enuncia desde lo torcido para recordar a lxs caídxs de esa revolución que fue y no fue. La enunciación de la singularidad marica haciendo la memoria de lo común, tomándose lo común, y disputándose el lugar de habla negado. Porque una marica nunca ha sido lo común, y el imaginario del sujeto encapuchado nunca ha sido marica. Asimismo, Andrés Valenzuela, quien ya venía desarrollando una tensión a la relación entre patria y marica en su serie Poco Hombre, invierte la feminización de la práctica de limpiar y restregar la bandera patria, hacia una viril autoflagelación de su cuerpo marica, cuerpo bastardo de la viril patria.

Cuando comencé a escribir este texto, originalmente escribiría que, “desplegadxs en Córdoba, al otro lado de los Andes, este grupo de artistas de nacionalidad chilena…” pero inmediatamente me detuvo una pregunta: ¿cuál es el otro lado de los Andes? ¿hay uno de estos territorios hermanados que pueda ser llamado un otro lado? ¿es efectivamente la cordillera la que ha delimitado los territorios patrios, o es acaso algo más? “Chileno asignado al nacer” señala Andrés Valenzuela, desestabilizando la pretendida naturalidad de aquellas categorías políticas que marcarán y organizarán nuestra existencia, haciéndonos un cuerpo-nacional. El dispositivo del Estado Nación, fundado en nombre de la libertad y el progreso humano, es develado como una máquina de muerte surgida de un proceso de organización-estabilización de relaciones de fuerza, que en sus entrañas guarda crímenes y silenciamientos.

Andrés Valenzuela Arellano

Cuerpos torturados, desaparecidos, incinerados, lanzados al río y lanzados al mar figuran como el despojo que la máquina opera sobre sí misma para continuar su funcionamiento; y así, aunque siempre la misma pero nunca idéntica, la máquina se reactualiza a su presente, se camufla y se calma, hasta el momento en que vuelva a mostrar su carácter mortífero instituyente. La delimitación del uno/otro lado de los Andes, más que una cordillera, delimita el territorio en que operan distintas máquinas de muerte, que hoy amenazan en una articulación que desborda lo puramente nacional, para hacer de la muerte un régimen imperial y planetario. El genocidio en tiempo real del pueblo palestino en Gaza nos demuestra y advierte esto.

“El fascismo no es solo un recuerdo, es presente, y amenaza con ser futuro” leemos en las proyecciones de “Cuerpos en archivo, grafías de la imagen” y no hay terapia ni fármaco que ayude a curarnos de su internalización, porque es en la memoria, esa que se hace con el cuerpo y con les otres oponiéndose al olvido, donde podemos resistir y crear otros posibles para lo vivo. A su vez, hacer que la memoria circule y se trame en lo vivo requiere del archivo y contra-archivo: el archivo, en este sentido, resulta peligroso, o como refiere Alejandra Wolff, “la muerte ronda al archivo”. Es, precisamente por ello, que insistimos en decir y volver a decir, en mostrar, recordar, limpiar, restregar, sacudir, escudriñar, y archivar.

Alejandra Wolff

Referencias
Lelya Troncoso, Isabel Piper (2015). Género y memoria: articulaciones críticas y feministas. Athenea Digital, 15(1): 65-90. https://atheneadigital.net/article/view/v15-n1-troncoso-piper/1231-pdf-es

Texto: Luna Grandón
Registro audiovisual: Dinko Covacevich
Fecha: Viernes 12 de septiembre del 2025. Facultad de Lenguas, sede Ciudad Universitaria, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.

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