Juegos de guerra: una infancia en la que generacionalmente nos podemos encontrar / por Jazmín Ra

"Juegos de guerra", performance de Andrés Valenzuela realizada en Buenos Aires en diciembre del 2025. Fotografia por Dinko Covacevich

Juegos de guerra: una infancia en la que generacionalmente nos podemos encontrar

Por Jazmín Ra

Andrés, se presenta a sí mismo con una máscara de papel que porta su rostro de niño. En silencio, ordena y pinta con esmalte de uñas rosado pequeños soldados de juguete verde militar, mientras de fondo, una música infantil acompaña el momento. Está sentado frente a una mesa con mantel de encaje, lo que remite a una escena doméstica, de infancia, de cualquiera de nuestras infancias. Un mantel similar al de la mamá, la abuela, la señora: estéticas que el artista Andrés Valenzuela utiliza también en otros trabajos individuales y colectivos, donde explora aquello que le fue prohibido cuando niño. Evoca el compartir de las mujeres que lo criaron: las tías que, antes del juego de cartas, se sentaban juntas a la mesa a pintarse las uñas; la abuela que, por las mañanas, después de la ducha, se daba un tiempo para ponerse cremas envuelta en un toallón. Pequeños momentos de goce cotidiano, de intimidad femenina, que, sin embargo, para un niño marika estaban vedados.

En la escena, al costado, hay un televisor: ese televisor que crió a una generación entera. Entre sus imágenes aparece el título WarGames, junto a escenas que remiten a juegos infantiles que naturalizan la violencia. Pienso en cómo esto forma parte de una crianza en dictadura y posdictadura: monitos animados y videojuegos que entretienen a las infancias mientras la adultez es absorbida y explotada en sus espacios laborales.

Los juegos de guerra eran, además, aquello que se les permitía jugar a los niños varones como él. Las imágenes que aparecen en la TV están en la misma clave cromática de los objetos utilizados: el verde militar y el rosado intenso de lo femenino prohibido, articulando la estética de la propuesta de manera coherente y situándonos, con ello, en una textura temporal que remite a lo que también veíamos en esas infancias.

Los colores deslavados, por ejemplo, de una pantalla antigua, donde estos juegos eran reproducidos, evocan una estética que hoy se reconoce culturalmente en corrientes como el vaporwave o en la fascinación por lo vintage del internet, como de la web 1.0.

Al ver su trabajo, se me viene al recuerdo la lectura de “Space Invaders” novela de Nona Fernández, la cual propone un cruce muy interesante entre esta violencia dulcificada de los juegos —matar “marcianitos” invasores del espacio— y la violencia real de los asesinatos, las desapariciones y el encuentro con perpetradores que atraviesa a una generación criada en dictadura. Y es que pienso, es un territorio común en donde todes nos encontramos de alguna forma en nuestra infancia latinoamericana, atravesada por las doctrinas de los regímenes y producciones culturales capitalistas, que se arraigaron incluso en la posdictadura. Andrés inscribe esta dimensión en su trabajo: él mismo fue un niñe criado en estas condiciones de realidad.

Por otra parte, no es menor que en Estados Unidos se utilice el término “aliens” para referirse a personas migrantes consideradas “ilegales”, en un lenguaje que deshumaniza, reforzado por instituciones como Immigration and Customs Enforcement (ICE) y sus políticas de control y expulsión, tornándose en una realidad que hoy se muestra sin velo.

En la propuesta también hay una silla vacía, una lámpara y muchos esmaltes sobre la mesa, que invitan a les espectadores a sentarse y ayudar a Andrés a pintar los soldados. Es una tarea que por muy rápido que la hagas, toma tiempo en la reiteración por lo que al contemplarla, instala una temporalidad distinta, como una jornada laboral que no termina, dilatada en la repetición. En esta imagen convergen, además, distintas capas del trabajo: el “hacer las uñas” es un trabajo independiente, invisibilizado o poco reconocido como tal —muchas veces precarizado—, asociado a las mujeres, pero también a cuerpas feminizadas, disidencias y/o migrantes. También aparece el trabajo de infancia obrera en la industria de nuestro pasado reciente latinoamericano —y que aún persiste en otros sures globales—, vinculado a la fabricación masiva de juguetes y productos de consumo.

Durante la performance, mientras van pintando con manos apresuradas a los soldaditos, las personas comienzan a abrirse, compartiendo escenas de sus propias infancias, buscando el sentido y hablando sobre “de qué tratará la performance” de la que están participando; mientras Andrés se mantiene en silencio. Porque son les adultes quienes suelen hablar por les niñes.

Jazmín Ra

Jazmín Ra es Performista, Licenciada en Artes de la Universidad de Chile. También es Psicóloga, post titulada en clínica psicoanalítica, y especializada en género de la misma universidad. Entre sus intereses se encuentra la investigación teórica en torno a la performance política desde una perspectiva crítica y feminista. En su práctica de performance, ha explorado temas autobiográficos y políticos, con el interés de cuestionar desde un conocimiento situado, el discurso hegemónico sobre la cuerpa, la sexualidad, la familia y la institucionalidad patriarcal. Utilizando la performance, el terrorismo poético y el posporno, para hackear significantes fálicos, símbolos nacionalistas, espacios públicos de representación y monumentos incómodos que representan las estructuras psíquicas del poder, con el fin de cuestionar el imaginario histórico fundacional de base patriarcal y capitalista. Actualmente es madre y dueña de casa, lo cual forma parte de los temas abordados desde su artivismo, donde el maternaje, el trabajo doméstico y la violencia biopolítica de las instituciones que administran la cuerpa — temáticas históricamente relegadas a la esfera de lo privado y lo personal — se vuelven el telón donde se despliega la lucha en contra de la explotación capitalista sobre las cuerpas.

Andrés Valenzuela

Andrés Valenzuela Arellano, Santiago 1982, Chile. Artista marica multidisciplinar que reside en Buenos Aires. Su práctica cruza cine, fotografía, performance y archivo desde una mirada afectiva y desobediente, explorando lo biográfico y lo colectivo para tensionar relaciones de poder sociales, políticas, sexuales, religiosas y de género. Es director de registrocontracultural.com (2019), plataforma dedicada a visibilizar y preservar prácticas y memorias artístico-políticas sudacas mediante el registro y el archivo. Desde este proyecto —y a partir de su archivo de performance de la revuelta social chilena— se presentó en Matucana 100 la exposición El cuerpo es ahora un conjunto de píxeles (2024) y lanzó en el Museo de Bellas Artes de Santiago el catálogo Performance transfeminista en el estallido social (2025), realizado con apoyo del Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes.

Scroll to top
error: Si necesitas algún texto o imagen escríbenos a contacto@registrocontracultural.cl