Resumen: El presente texto corresponde a una reflexión acerca de la irrupción de la virtualidad como una nuevo espacio-tiempo a habitar en la actualidad. Esta lectura emerge a partir de la performance “Crucifixión en 5G”, llevada a cabo por Maygara en el contexto del Festival de Arte Erótico 2020 el día 5 de diciembre de 2020. Su desarrollo toma lugar en el espacio físico de la ciudad de Santiago y el espacio virtual de la transmisión por la plataforma Zoom del Festival.
En primera instancia, se genera un relato acerca de la obra a partir de su registro archivado en la plataforma www.registrocontracultural.cl. Luego, se extiende un análisis acerca de las problemáticas y posibilidades del acoplamiento de la tecnología y las redes en nuestros cuerpos.
“nuestras máquinas portátiles de telecomunicación son nuestros nuevos carceleros y nuestros interiores domésticos se han convertido en la prisión blanda y ultraconectada del futuro”.
– Paul B. Preciado
Interconexión y cortocircuito. Reflexiones sobre tecnología y virtualidad a partir de la performance Crucifixión en 5g de Maygara
Por Cami Marchant
En este mundo pandémico, las restricciones a los encuentros en los espacios físicos, han disuelto nuestras fronteras espacio-temporales en un eterno devenir virtual.
Nuestras experiencias, han pasado a ser parte de estas redes de información: nuestras formas de pensar, de expresarnos, de accionar, comienzan a circular como una imagen, sumergida en torrentes de información codificada.
A partir de esta tele-experiencia, la Performance de Maygara es protagonizada por un cyborg-humanx que, cual Jesús de Nazareth, carga a sus espaldas una pesada cruz cableada. Celulares, cd’s y otros elementos tecnológicos se enlazan a sus espaldas, ante los ojos de los espectadores de la ciudad y de las cámaras que transmiten este evento al espacio virtual.
La obra parte con un primer plano de este cyborg, con un blanco rostro sin expresión en un cuerpo humanoide. Como espectadores, podemos percibir sus movimientos de corto circuito, los sonidos robóticos y electrizantes que recorren las calles de la capital ante ojos y cámaras siempre alertas.

Fotografía por Sergio López
Este ser comienza su travesía con la pesada carga de la tecnología a sus espaldas. En un momento se detiene, confundidx y agotadx frente a los ojos/cámaras que le rodean, lanza gritos de dolor y respiraciones agitadas, intenta tapar las cámaras que le vigilan, como si ya no quisiera ser parte del espectáculo.
Se para frente a una iglesia, y aparece la imágen de ese Cristo que ahora encarna. Suenan las campanas y la cruz de su espalda parece cada vez más pesada. Luego apunta una antena con una cruz en su cúspide y sigue retorciéndose acongojadx.

Fotografía por Sergio López
Hay un quiebre, le vemos desprenderse de su carga, la aparta para comenzar a reconocer su cuerpo. Lo recorre suavemente con sus brazos hasta desnudarse, desprendiéndose de su cuerpo y rostro cyborg. Aparece el rostro humano de lx performer, atónito hacia el exterior, respirando profundamente por su boca mientras sigue apuntando hacia la cruz en la cúspide de la antena.
Agarra el que solía ser su rostro, lo pone frente así, lo recorre, le grita, para dejarlo a los pies de la que solía ser su cruz, armando un altar que descansa en el pasto.
Posteriormente le ofrece a su altar una rama, arroja tierra sobre su cabeza, para seguir vaciandola y dejando montículos a su alrededor, depositando una hoja en cada uno de ellos y en su boca. Cual semilla, riega la tierra y se riega a sí mismx.
Finalmente, sentadx sobre este pasto, deja un macetero con una flor roja que también riega.
Ahora, tranquilx, abraza su humano-cuerpo, lo extiende al sol, agarra su flor y su macetero para descansar, finalmente, en el pasto, como si quisiera hacerse parte de la tierra donde descansa.

Fotografía por Sergio López
Esta apuesta performática, puede entenderse como muestra de la relación humanx-tecnológica contemporánea, experiencia ligada a la vigilancia e hiperconectividad constantes. En este caso, lx humanx abandona su cruz y su cuerpo cyborg para volver a conectarse con su humanidad perdida, como queriendo volver a la tierra para brotar de nuevo.
De este modo, la obra nos invita a cuestionar cómo habitamos el espacio virtual del internet y las redes sociales, donde toda división entre lo privado y lo público es eliminada.
Ahora que nos es imposible desligarnos de la tecnología, celulares y cámaras aparecen como extensiones de nuestras corporalidades. Nos distancian del espacio y presente inmediatos para sumergirnos en una dimensión veloz, llena de imágenes y una anónima multitud expectante. Pareciera que todo se acelera, como si nuestra subjetividad fuese acaparada al ritmo de las redes. Aparece la presión por mantenernos siempre novedosxs y contectadxs, alerta a las notificaciones emergentes, moviéndonos de una pantalla a otra, de aplicación en aplicación.
Como bien lo escenifica Maygara, vamos con nuestros cables atados frente a una multitud siempre expectante, anónima, vigilante y atenta.
Frente a ello, sería válido preguntarnos ¿cómo podríamos subvertir estas lógicas de inmediatez y control? ¿cómo podríamos desarmar y des/re/conectar esta pesada cruz que impone la virtualidad y la necesidad de entregarnos al voyeur de los incesantes 15 segundos de una historia de Instagram?
¿En la actualidad, es realmente posible separar la tecnología de nuestros cuerpos? Ahora que habitamos un mundo que podría ser de ciencia ficción, los aparatos se ha entrelazado profundamente con nuestra propia subjetividad, adentrandose y re-armando nuestra materia.
A estas alturas podríamos perder el miedo a denominarnos cyborgs, voluntaria o involuntariamente amarrados a nuestras máquinas. Paul B. Preciado nombraba a las nuevas tecnologías como pornográficas precisamente por su capacidad de penetrar los mecanismos de bio-vigilancia dentro de nuestros cuerpos, incitando al consumo y la producción de placer regulado y cuantificable.
Como la performance misma, que aprovecha sus cámaras para extender la intervención hacia el espacio virtual, quizás nuestra tarea es pensar cómo hackear los algoritmos que nos coartan, entrecruzar los cables para generar circuitos impensados de corporalidad, de experiencias, espacios y tiempos. Si estamos irreversiblemente enlazados, quizás solo podemos aprovechar nuestras nuevas conexiones en el espacio de las no-fronteras. Alterar el funcionamiento algorítmico y aprovechar nuestra mutación de humanxs a cyborgs.
Referencias
Preciado, P. (2020). “Aprendiendo del virus” en “Sopa de Wuhan”.

Cami Marchant
Cami Marchant (elle), 23 años. Licenciade en Sociología de la Universidad de Chile. Habita en la ciudad de Santiago y en la actualidad investiga temáticas relacionadas a disidencias sexuales y performance en el territorio.
cami.marchant.n@gmail.com
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